El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, escribió una carta a los jóvenes militantes que día a día se suman a “participar, poniendo toda la energía y predisposición desde diversas corrientes sociales, culturales, políticas, económicas y espirituales buscando nuevos paradigmas de vida a su existencia.”
Recordó que “en el hacer se presentan los riesgos de la militancia y muchas veces queda inmersa únicamente en los problemas coyunturales, sin darse cuenta que se vuelven como el pez, que no ve el agua porque vive en ella.”
Para remarcar que no basta hablar de los pobres y lamentarse, sino también preguntarse ¿por qué hay pobres?
"Si la lucha en defensa de los derechos humanos no se comprende en profundidad, nos quedamos en los efectos sin ver las causas, y la militancia se debilita y vuelve asistencialista, inoperante hipotecando el presente y arriesgando el futuro."
A su vez, el presidente del Servicio de Paz y Justicia también destacó que es necesario hacer un alto y reflexionar sobre nuestra militancia y sus diversos cauces que desembocan en el gran río. "Es necesario comprender la diversidad en la unidad, sabiendo que el cauce arrastra en su corriente todo, lo positivo y negativo. Que deja su sedimento en la memoria, la historia, sus luces y sombras, la riqueza y la pobreza, los desechos y conflictos que han costado sufrimiento y vidas a los pueblos, como también su capacidad de la resistencia y esperanza."
Finalmente, en su análisis sobre la militancia política en Argentina, Pérez Esquivel concluyó: “Los derechos humanos no son analgésicos del dolor. (...) El militante que se deja dominar por el conformismo, la falta de análisis crítico y de valores, termina siendo funcional al sistema de dominación.”



